¿Qué es nuestra sombra?

Siempre hay una parte de nosotr@s que vive en la sombra. Es esa parte que reprimimos, que nos da miedo, que queremos ocultar a los demás y en ocasiones también a nosotr@s mism@s. Tod@s tenemos una sombra: son esos pensamientos y emociones que nuestra parte racional se esfuerza por silenciar.

Nuestra mente ha construido un ego, una representación ideal de nosotros mismos, es decir, lo que creemos ser. Y lo hace para poder mantener el control, (o más bien la ilusión de control) en nuestras vidas. De esta forma nace la contradicción en nosotros, y nuestro ego y nuestra sombra se convierten en antagonistas, que luchan por imponerse el uno al otro.

Para aquellos que decidimos recorrer el camino de la espiritualidad (o cómo queráis etiquetarlo), siempre hay un momento de inflexión, en que debemos encararnos a nuestra sombra. Porque la práctica y la meditación nos van dando mayor conocimiento de lo que somos, incluyendo nuestra parte oscura. Nosotros crecemos y ella crece, porque en realidad no somos más que las dos caras de una misma moneda.

Descubrir y trabajar con nuestra sombra puede hacerse de diversas formas. Se puede abordar desde la psicología, la meditación, el deporte, o bien desde la vertiente espiritual. Todas son igual de válidas si nos hacen reflexionar y nos ayudan a conocernos mejor y sobre todo, nos enseñan el gran secreto: a nuestra sombra hay que quererla, e integrarla con nuestra consciencia para poder ser de verdad un ser completo.

Negar un parte de nosotros mismos es negar parte de lo que somos, por ello me cuesta creer que alguien pueda alcanzar la felicidad, la conciencia plena, o el desarrollo personal sino aprende a integrar todas sus facetas. Reprimir y negar nuestra sombra no hace más que alimentarla, y esa brecha nos lleva al desequilibrio, a la pérdida de nuestro verdadero «yo» y nuestro potencial.

La practica de la meditación chamánica nos puede llevar a contactar con esa parte oscura de nosotr@s. Es un momento duro, pues la sombra sabe cómo quebrarnos, pero si nos acercamos a ella con la firme convicción de que debemos ayudarla, de que debemos escucharla y valorar sus palabras, pues es nuestra propia voz, podemos empezar a integrarla.

Nuestro mayor crecimiento espiritual tendrá lugar cuando seamos capaces de integrar nuestra sombra con nuestra consciencia, pues entonces por primera vez seremos un ser completo, y podremos experimentar una paz, una seguridad y una calma que nos harán vivir la vida con plenitud y libertad.

Pequeño ejercicio para superar el apego

He pensado que podía compartir con vosotros un pequeño ejercicio que nos puede servir de ayuda para tomar conciencia de la futilidad de crear dependencias con objetos materiales y superar el apego.

El ejercicio es muy simple, escoged una pulserita o colgante que os guste. Lo ideal es que fuesen esas pulseras de hilo que te atas y no te las puedes quitar hasta que se rompen, y sería perfecto si tuvieran un gran valor emocional para vosotros, o sino al menos que os hiciese sentiros más unidos a lo espiritual. Si es un objeto al que no damos ningún tipo de valor no tiene mucho sentido hacer este ejercicio. La idea es llevar la pulsera o colgante hasta que se nos rompa. Cuando esto ocurra no nos quedaremos con la pulsera o colgante, sino que lo regalaremos como ofrenda al Universo, Madre Tierra… (o con lo que te sientas más comod@). Para ello lo que haremos será enterrarlo, quemarlo, o bien dajarlo en algún altar o lugar especial (que no sea de nuestra casa obviamente, la idea es no volver a ver el objeto). Pero en cualquier caso deberemos deshacernos del objeto una vez se haya roto.

Tal vez os preguntéis ¿Y esto tiene realmente algún sentido para superar el apego? Veréis, la idea de este ejercicio me surgió a raíz de una experiencia personal. Hace un par de años un vecino de mis padres que es budista, me regaló un cordón de hilo rojo bendecido por el Dalai Lama. No es que yo sea budista, pero la figura del Dalai Lama me inspira y me causa un gran respeto, así que ese pequeño detalle tuvo muchísimo valor para mí. Pero claro, era un simple cordón de hilo, no iba a tener mucha vida útil…

Al principio me quitaba el cordón para ducharme, para hacer ejercicio… Pensaba que así duraría más. Y llegó un día en que me di cuenta de que estaba a punto de romperse. Entonces me lo quité y lo guardé para conservarlo. Porque al fin y al cabo era un regalo bendecido por el Dalai Lama, deshacerme de él era perder esa conexión con lo místico, con lo espiritual… Y entonces me di cuenta de que me estaba aferrando a algo material por sentirme más unida a lo espiritual. Y me di cuenta de que en el fondo ese apego no era más que mi propio ego, porque tener ese cordón hacía que me sintiese especial, diferente de los demás. Así que volví a ponerme el cordón y acepté el hecho de que las cosas tienen que irse, y de que yo no era más especial por tener ese pedacito de hilo bendecido.

Gracias a ese cordón aprendí una lección de vida muy importante. Me sentí más libre, más sabia, y más espiritual que antes. Al final, nuestra evolución espiritual es ir librándonos de capas inútiles de ego para realmente acabar descubriendo nuestro “yo”. Por eso os invito a repetir esta experiencia que tuve, ya que he pensado que igual que me ayudó a mí, también podría ayudaros a vosotr@s.

Y es que no hay que subestimar el poder de las cosas pequeñas.

Sed felices!

Isabel.

Yoga ¿qué es?

¿Alguna vez te has planteado que es realmente el yoga? En Occidente lo conocemos como una disciplina física saludable, pero lo cierto es que el ejercicio físico sólo es una pequeña parte de lo que en realidad representa el yoga.

Sería bueno comenzar diciendo que ni los más eruditos se ponen de acuerdo en definir qué es lo que se podría denominar yoga clásico. Las primeras menciones a la palabra «yoga» las podemos encontrar en lo vedas (los textos más antiguos de la literatura india) y en ellas no se hace referencia a las posturas, sino que se habla de la parte espiritual del yoga, cuyo propósito no es otro que alcanzar la unión con lo divino, es decir, llegar a la iluminación.

Con el paso del tiempo esta visión filosófica se va nutriendo e incorporando más cosas, como el trabajo de respiración (pranayama), o las posturas físicas (asanas), pero también principios morales de convivencia con los demás y con uno mismo. Todo ello siempre enfocado a alcanzar un estado mental óptimo para la meditación y la contemplación.

Creo que no sería desacertado decir, que la finalidad última del yoga es el autoconocimiento práctico, a través de la experiencia, para poder llegar a ser la mejor versión de nosotr@s mism@s. Es una herramienta muy útil para, en definitiva, vivir mejor y ser más felices.

Si te apetece saber un poco más, te dejo el enlace a mi canal de Instagram donde te lo explico un poquito más en detalle en este vídeo:

Por supuesto no hace falta decir que el yoga no es ninguna doctrina religiosa que nos tenga que imponer nada. Hoy en día hay estilos para todos los gustos, algunos donde se trabaja de una forma más clásica (como en yoga in blue) donde se habla un poco de filosofía, pranayama, estilo de vida, etc y otros que están más focalizados sólo en la parte física.

Y tú, ¿tenías esta visión del yoga? ¿O sólo conocías la parte física?

Isabel.

Contenido protegido, ¡disculpa!