El mito de dejar la mente en blanco

Generalmente cuando pensamos en meditar nos viene a la cabeza la frase: «dejar la mente en blanco». Tod@s la tenemos grabada en la memoria y tod@s, cuando lo intentamos, nos sentimos frustrad@s ante la imposibilidad de no pensar en nada. Esto hace que en muchas ocasiones no intentemos más la meditación, o pensemos que no estamos hechos para ello… pero, ¿y si os dijera que en realidad dejar la mente en blanco es un mito?

Meditar no consiste en dejar la mente en blanco, en no pensar en nada… Esto es prácticamente imposible porque el mero hecho de intentar no pensar nos genera pensamientos. Además, nuestra mente está diseñada precisamente para pensar. El verdadero concepto de meditar (habrá quien difiera, esto es opinión, quedaros con la que más os guste) para mi, consiste en vaciar la mente. Tal vez penséis que es lo mismo, pero hay un gran matiz: vaciar la mente es ir acallando progresivamente nuestros pensamientos, dejando espacio entre ellos, y centrando nuestra atención en alguna cosa.

Nuestra mente está constantemente estresada, tenemos mil cosas en la cabeza: el trabajo, las tareas de la casa, los recados, la familia, los hijos… Acallar todo ese “ruido” es complicado, porque los pensamientos brotan en nuestra mente de forma automática (monkey mind). Así que una de las maneras de acallarla es centrarla en una sola cosa. Si focalizamos nuestra mente al 100% en algo (ya sea la respiración, contemplar un objeto, escuchar un sonido…) ese “ruido” poco a poco desaparece.

Casi siempre van a aparecer pensamientos en nuestras meditaciones, la clave es no continuar el hilo que nos lleva de uno a otro y dejarlos pasar volviendo a centrar nuestra atención en lo que hayamos elegido. En realidad habría que enfocar la meditación simplemente como una práctica, de igual modo que haces tu práctica de yoga, y liberarnos de esperar unos resultados determinados, porque no hay dos prácticas iguales. Con el tiempo veréis que cada vez es más fácil concentrarse, y que cada vez son menos los pensamientos que van aflorando de nuestra mente. Aunque por supuesto siempre hay días mejores y días en los que cuesta horrores centrar la mente.

Los beneficios que podemos obtener con la meditación son muchos: ayudará a desprendernos de capas inútiles, de cargas emocionales innecesarias, nos enseñará a coger distancia con nuestra propia red de pensamientos y no convertirnos en una víctima de ellos, además nos aportará tranquilidad y podremos relajarnos, autoconocernos, y reducir el estrés al que nos vemos sometidos en el día a día.

Por último os contaré un secreto… En realidad lo que más trabajo os va a costar no es aprender a centrar la mente y dejar pasar los pensamientos… Lo que más trabajo os va a costar es buscar un hueco en la agenda para dedicaros a vosotr@s mism@s. Os vais a poner excusas como: «no he tenido tiempo», «estaba cansad@», «me ha surgido un imprevisto», «prefiero esperar el momento adecuado»… Nunca hay un momento propicio y siempre hay mil excusas para no dedicarnos ese tiempo tan necesario. Al final sólo nuestra determinación es lo que nos hará seguir adelante, y si somos capaces de dedicarnos aunque sea cinco minutos al día, habremos dado un paso enorme, pues habremos comenzado a aprender a doblegar vuestra mente a voluntad, y sólo cuando somos capaces de darnos forma, es cuando empezamos a andar el camino.

Un saludo a tod@s!

Isabel.

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